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¡Un acercamiento histórico por San Ángel y Tizapán!


La zona de San Ángel tiene una larga historia que se remonta a épocas prehispánicas. El lugar se conocía con el nombre de Tenanitla y tenía como vecinos los asentamientos de Tizapán, Tetelpan, Ameyalco y Xochiac, así como el pueblo de Axotla. No se conoce con exactitud la fecha de su fundación, pero se sabe que desde 1332 lo habitaban los chelcas y tepanecas. Tenanitla significa “entre muros” o “frente a la muralla”, pues el área donde hoy se encuentra la zona residencial del Pedregal era literalmente un mar de lava que no permitía el paso directo entre este lugar y Tlalpan.


El espacio natural donde se desarrolló Tenanitla presentaba en su topografía un marcado declive que desciende hacia el oriente, el lugar era una zona árida, pedregosa, bordeada por río y arroyos. El más importante de éstos era el río Magdalena, el cual, en la actualidad, es el único río vivo en la Ciudad de México.


En la época colonial, el desarrollo del lugar estuvo organizado en torno a dos conventos fundados en la zona: el de San Jacinto y del Carmen de San Ángel. Un grupo de frailes dominicos, que tenían sede ahí y que habían edificado el templo a San Juan Bautista en Coyoacán, se trasladó a la entonces Tenanitla para establecer una pequeña ermita dedicada a San Jacinto. Al hacerlo, comenzaron a incorporar a los habitantes originarios de una parte de Tenanitla y Tizapán. Estos frailes instalaron varios obrajes que aprovechaban las caídas de agua cercanas a la zona para activar máquinas hiladoras.


La producción de textiles alcanzó un crecimiento notable durante los siglos XVIII y XIX, cuando los obrajes fueron convertidos, y por seculares, en importantes fábricas de textiles. No obstante, el grueso de la orden centró sus actividades en Coyoacán, y San Jacinto permaneció relativamente al margen del desarrollo de la región. Hacia 1530 llegaron a la Nueva España religiosos pertenecientes a la orden de los Carmelitas descalzos. Buscando dónde establecerse, los dominicos les cedieron terrenos y les otorgaron permiso para edificar un pequeño templo junto al pueblo de Chimalistac. Entre 1535 y 1585, los carmelitas administraron el templo y la comunidad, avocándose sobre todo a establecer huertos y jardines, dedicados al cultivo de frutas, hortalizas, flores y plantas. En poco tiempo, lograron un desarrollo notable, que caracterizó su posterior desempeño donde quiera que se establecieran.


Así, un primer eje del desarrollo de la zona se centró en el perímetro comprendido entre las iglesias de Chimalistac y San Jacinto, bajo la supervisión de los dominicos y los carmelitas, quienes poco a poco fueron dando un sentido de comunidad a los que habían sido pueblos y caseríos dispersos e inconexos. Unidos por el trabajo artesanal y por el cultivo de hortalizas y frutas, y sin la intromisión de encomenderos o latifundistas, esta comunidad pronto se caracterizó por su laboriosidad, así como por su productividad agrícola, sus jardines y huertos.


Conforme prosperaron sus cultivos de frutas y flores —y sus ingresos mejoraron—, los carmelitas consiguieron de las autoridades de Coyoacán mayor extensión territorial y más influencia económica y social en la región. Hacia 1617 terminaron de edificar el convento del Carmen, que quedó bajo la advocación del Santo Ángel Mártir.


Desde entonces, la zona circunvecina al convento del Carmen, hasta entonces denominada Tenanitla, pasó a ser conocida como San Ángel, la que pronto incorporó bajo su égida tanto a Chimalistac, como a Tizapán y San Jacinto.

 
 
 

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© 2023 por M. en Arq. Fernanda Carrasco

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