La [NO] política como política de vivienda en México
- Arq. Fernanda Carrasco

- 20 oct 2019
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 28 feb 2024
A través de la historia latinoamericana, el Estado y su constante participación como paramento para ocultar un poder político controlado por la clase dominante dentro de los distintos países, ha provocado diversas problemáticas en los niveles económicos, los cuales son la subestructura donde se desarrollan las condiciones materiales de vida.
El reflejo de la aplicación de este poder se ejerce, no sólo con una serie de legislaciones que legitiman acciones desleales de competencia, despojo y expulsión, sino también en una serie de elementos que buscan no responder a las demandas sociales de manera adecuada, generando altos niveles de pobreza y marginación para poder reducir el costo de la mano de obra. Además de ello, se comercializa con las necesidades básicas que tienen los seres humanos; los impuestos en alimentos y medicinas, o bien, el tema de la comercialización de la vivienda.
En México, el caso omiso a las necesidades de la población mayoritaria en el país se ha vuelto una práctica constante, no sólo por el desapego que tiene el Estado en temas de bienestar social, sino como parte de una política económica que provoca la búsqueda de la resolución de problemas del empleo o la vivienda por parte de los mismos habitantes, mientras que el gobierno aparentemente no los reconoce, sino hasta que están bien establecidos y pueden cubrir los pagos de impuestos tributarios a hacienda.
Durante los siglos XX y XXI, los cambios económicos, sociales y políticos que ha tenido el entorno rural han sido claramente evidentes gracias a una serie de eventos que se van desarrollando a través del tiempo; la creciente desigualdad desembocó, en muchos casos, en una ola de desempleo, violencia y producto de ello, las migraciones del campo a las ciudades centrales. La consolidación capitalista neoliberal incidió de manera contundente en las transformaciones morfológicas que presentan los paisajes rururbanos, pues lentamente se abandonan las prácticas agrícolas para integrarse principalmente al sector servicios o, en algunos casos, en el sector secundario en grandes empresas nacionales o transnacionales.
Latinoamérica posee una enorme riqueza, sus países contienen en sus demarcaciones múltiples recursos naturales de diferentes ecosistemas, así como una gran cantidad de recursos estratégicos, principalmente el petróleo y productos mineros. El interés de la gran potencia mundial sobre los países latinoamericanos es evidente, por un lado, la idea de desarrollo se ha vendido como el tesoro al final del arcoíris; los países en “vías de desarrollo” buscan alcanzar su estabilidad económica al nivel de las naciones como Estados Unidos, Rusia, Japón; sin embargo, las políticas de regulación económica están orientadas a servir al estatu quo mundial.
“Generalmente se sostiene que el desarrollo económico ocurre en una sucesión de etapas capitalistas y que los actuales países subdesarrollados están todavía en una etapa, a veces descrita como una etapa histórica original, por la cual las acrtuales naciones desarrolladas pasaro hace mucho tiempo. Sin embargo, el más modesto conocimiento de la historia muestra que el subdesarrollo no es ni original ni tradicional y que ni el pasado ni el presente de los países subdesarrollados se parece, bajo ningún concepto importante, al pasado de los países actualmente desarrollados". (Gunder, 1967, p. 159).
Dentro de la lógica capitalista, existen una serie de necesidades y limitantes; el tema de la vivienda es uno de los más ilustrativos pues, todos necesitamos una vivienda, sin embargo, no todos necesitamos la misma vivienda, más aún, no todos tenemos acceso a viviendas con las mismas características, sino que estamos condicionados por un marco económico. De esa misma forma, la producción de vivienda como una mercancía busca el mercado apropiado para cada tipología; en los casos de los programas mexicanos, a través de los cajones salariales que determinan el tipo de vivienda que puedes adquirir.
Con la desaparición del Estado benefactor y su transformación al Estado mínimo, las empresas paraestatales encargadas de la producción de vivienda limitaron su campo de acción en el negocio de los créditos; Infonavit, Fovissste e INVI son los casos más representativos, pues dejaron de construir las viviendas otorgándole al sector privado el desarrollo inmobiliario de la ciudad.
Si se analizan los requerimientos económicos para obtener créditos en estas entidades, encontramos que están dirigidos a personas que trabajan en el sector secundario o
terciario (trabajadores del Estado y asalariados) puesto que se requiere comprobante de ingresos para obtener los créditos. A partir de ahí se puede predecir que quienes están debajo de esos rangos (campesinos, pequeños productores, comerciantes informales, etc,.) no tienen las condiciones requeridas para ser sujetos de crédito; no es negocio construir para ellos. La falta de comprobante de ingresos o de títulos de propiedad y escrituras (debido a que muchos de ellos se encuentran en propiedad comunal) crean un importante choque con las instituciones gubernamentales para ser beneficiarios.
El truco del Estado para generar la no-política como una política de vivienda radica en que la población soluciones sus problemas habitacionales con sus propios recursos; la autoconstrucción y la autoproducción son las formas de obtención más concurridas en los entornos rurales; de manera progresiva se van consolidando estos asentamientos humanos (que en la vía de los hechos, también son irregulares), generan infraestructura y servicios para que, una vez que se encuentren altamente constituidos, se les pueda regularizar y hacer los cobros correspondientes; de esta manera ni el Estado, ni las paraestatales ni las empresas privadas invierten en la construcción de estas viviendas, pero sí se benefician con el pago de predial, luz, agua, servicios, etc,.
La ceguera parcial del Estado resulta bastante rentable, pues la población se encarga de producir sus propias condiciones restándole al Estado la responsabilidad constitucional de generar los recursos para que la población tenga acceso a sus viviendas. En los casos en los que se logra adquirir los créditos, por ejemplo, a través de la organización social de colonos o los desarrollos habitacionales en serie, se tiene otra problemática, que está determinada por el modelo moderno de vivienda y la “persona objeto” como modelo homogéneo de diseño.
%2020_32_50.png)
![El [NEO] Imperialismo de Estados Unidos: Racismo, Trump y la Ultra Derecha Mexicana](https://static.wixstatic.com/media/4741f5_a7199fb3565b4f3da0052d23b02f5884~mv2.avif/v1/fill/w_570,h_516,al_c,q_80,enc_avif,quality_auto/4741f5_a7199fb3565b4f3da0052d23b02f5884~mv2.avif)


Comentarios