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"Espero que ninguna de las señoritas aquí presentes se ofenda"

¿Cuántas veces no hemos escuchado esto en algún aula?

La primera vez que lo escuché en la carrera fue en una clase de Matemáticas Aplicadas I de la Facultad de Arquitectura, el comentario fue sobre la idea del "profesor" de que la mayoría de las mujeres estábamos ahí para encontrar un novio y casarnos; claro que me iba a ofender.


Lamentablemente esto fue una constante, profesores que te abrazaban sin consentimiento alguno, mensajes subidos de tono, una serie de comentarios en los que se cataloga a una mujer como "vulgar" por no quedarse calladita y la complicidad de mujeres cercanas a esos hombres ejerciendo incluso más violencia que ellos.


Hablemos de las compañeras a quienes les decían que "su trasero era su mejor fachada" seguido de las risas de sus propios compañeros ¿Cómo se llegó a normalizar este tipo de bromitas? y todavía nos catalogan de "locas", "tóxicas", "intensas". ¿Cuántas mujeres no lograron titularse por culpa del tutor pervertido y extorsionador que les condicionó su calificación a cambio de favores sexuales? Seguro que si buscas en tus círculos cercanos encontrarás alguna anécdota de violencia de género ejercida en las aulas.


Una de las que más me impactó y que debió ser una Red Flag enorme al momento, no sólo de elegir al tutor, sino incluso elegir el campo de conocimiento fue en el Posgrado; cuando un subnormal soltó el comentario de que "estar ahí implicaría no embarazarse por al menos 2 años" poco faltó para que nos obligara a firmar un contrato para ello; como si la maternidad y el estudio estuviera peleada. Cabe mencionar que el tutor tenía denuncias (segunda Red Flag que ignoré) pero lo típico de los abusadores "esa mujer está loca", "ella se me ofreció". Con el paso del tiempo las "tutorías" se convirtieron en pláticas sobre sus gustos en prácticas sexuales, estúpidamente no salí corriendo en ese momento, me citaba fuera de horario y en lugares que nada tenían que ver con la UNAM. Todo escaló a tal grado que los de mi grupo pensaban que teníamos algún tipo de relación, nada más alejado de la realidad, al hablar con él y pedir que parara pasó lo que tenía que pasar (o mejor dicho, lo que NO tenía que pasar); se desquitó con mi calificación, poniendo en riesgo mi continuidad en el programa de Posgrado. Pero la cosa se pone mejor cuando fui (ingenuamente) a seguir los pasos y respetar las estructuras; me quejé con el coordinador del Campo de Conocimiento, que me dijo que la calificación estaba "justificada" y que él tenía información de que era yo la que estaba de problemática (cabe resaltar que como prueba presenté una libreta donde, con su puño y letra, me dejó un recado, así como una carta). Ante la inacción del primer eslabón en la cadena hice lo que cualquiera debería de hacer, intentar hacer mi denuncia con la Defensoría de los Derechos Universitarios. Grave error; no sólo me amenazaron con detener mi proceso de titulación y mi beca Conacyt (hoy Conahcyt) en lo que duraba el proceso, sino que de nuevo insinuaron que yo estaba molesta con el profesor por la calificación obtenida, bastaba que buscaran en su base de datos las denuncias que ya tenía por la misma situación.


El final feliz es que mi historia llegó a las manos adecuadas, me ayudaron a cambiarme de campo de conocimiento y logré superar esa etapa, sin embargo no dejo de pensar en quienes no lograron hacerlo y tuvieron que fumarse la violencia sistémica de este tipo de sujetos. Por suerte hoy el tipo ya no es parte de los docentes, sin embargo eso no justifica que todos los que lo encubrieron sigan en sus cargos.


La violencia de género en las aulas sigue siendo una constante, sigue normalizandose con "bromitas", se siguen encubriendo y apoyando a los acosadores y abusadores porque no hay alguien que levante la voz, por eso celebro a aquellas que lo hacen por todas las demás, por las que no pudieron (pudimos) en su momento. Contar las historias les quita poder, nos libera.


¡Van a caer!





 
 
 

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© 2023 por M. en Arq. Fernanda Carrasco

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